El sobre Libertador

Los justos claman, y el Señor los oye; los libra de todas sus angustias. El Señor está cerca de los quebrantados de corazón, y salva a los de espíritu abatido. Muchas son las angustias del justo, pero el Señor lo librará de todas ellas.

Salmo 34:17-19 NVI

El primer paso para ser libres es Sanar…

Hace un tiempo atrás, me toco vivir un proceso doloroso con personas cercanas en las que confiaba. Termine muy herida y como es de costumbre tristemente, esas personas siguieron con sus vidas como si nada hubiese pasado. Has pasado por esto?, donde quedas muy herido, pero el que lo provoco sigue con su vida como si no fuese parte de esa herida profunda. Si ya has pasado por esto, me permites preguntarte lo siguiente: ¿Ya perdonaste? En muchas ocasiones, cuando suceden estas situaciones dolorosas, lo menos que hacemos es perdonar si no que tratamos de sobrellevar el dolor hasta que este se “vaya” por completo. Este fue mi caso, luego de haber sido herida, trate de sobrellevarlo, cuando la verdad necesitaba que Dios entrara en ese asunto para ser completamente sana de aquel dolor tan profundo.

Lo, sobrelleve “tan bien” que me dormía con rabia pensando en ellos y me levantaba pensando en ellos y de como era posible que siguieran con sus vidas como si nada mientras me habían lastimado tan fuerte. Poco a poco, sin darme cuenta, permití un sentimiento que jamás había experimentado, el sentimiento que el enemigo le encanta porque detiene el perdón y la restauración que Dios puede hacer en nuestra vida cuando estamos heridos. Ese sentimiento llamado: Rencor. Y si una chica cristiana tuvo rencor porque veía como esos que me hirieron le salían las cosas bien, y yo, que solo había entregado mi confianza, sentía que toda mi vida se iba barranca abajo. Nadie se daba cuenta del profundo dolor que estaba experimentando. Pero el único que se dio cuenta de mi dolor, era el que podía sanarme y yo no se lo estaba permitiendo con permiso verdadero.

¿Por qué digo con permiso verdadero? Simplemente en ocasiones le pedimos a Dios en oración que obre en algunas partes de nuestra vida en específico, pero realmente no le estamos dando el acceso a que él trabaje en nosotros. Queremos que él trabaje rápido al estilo de una curita, pero él realmente necesita trabajar en nosotros con lentitud y precisión, como una aguja que cose y une el tejido que fue profundamente lacerado. Le pedía a Dios que quitara de mí ese sentimiento, sin embargo, no quería verlos ni en pintura y da la casualidad o mejor dicho en el examen de mi corazón que Dios me había sometido, para ese tiempo tenía que verlos casi todo el tiempo. Cometí el error de vociferar mi dolor y la traición en vez de esperar a que Dios se encargara del asunto.

Si te hirieron, no vociferes lo que te hicieron, deja que el Señor te defienda y trabaje el caso.

Todos los días oraba para que el padre quitara de mí este sentimiento. Ya estaba consciente de que algo en mí había comenzado a estar mal. Había abierto mucho espacio de mis pensamientos a las mentiras del enemigo. Cuando realmente comencé a guerrear por mi liberación emocional, fue cuando Dios me recordó la película de la cabaña, no quisiera dar un espóiler por si no la has visto, pero debo mencionártelo, Jesús me recordó la parte donde el personaje principal tuvo que perdonar todo el camino al que asesino a su hija. Es una escena donde demuestra lo que dice la palabra en Mateo 18: 21-22.

Pedro se acercó a Jesús y preguntó:

—Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano que peca contra mí? ¿Hasta siete veces?

22 —No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete —contestó Jesús—.

Cuando Dios trajo esto a mi memoria, comencé a perdonar casi todos los días, no me sentía diferente, pero no deje de hacerlo, continúe así, hasta que un día. Este es tu día!. Ese día, en mi tiempo de oración, sentí en mi corazón tomar un papel, ahí comencé a escribir una carta, donde sé la dedicaba a esas personas que me hirieron, los personajes principales y también los secundarios e incluso los extras que también aparecieron en alguna que otra escena. Cometí una locura en ese momento, pues en vez de reprochar o ir directamente a perdonar, comencé agradeciendo, agradecí por los tiempos bonitos, por la corta afinidad, por estar presente en unos momentos bien difíciles que atravesé, agradecí por sus vidas. Irónico no?, agradecer por alguien que me termino lastimando, pero así es el amor y misericordia de Dios. Agradecí y luego me toco la parte más complicada, pero que ya el Espíritu Santo me había preparado el corazón y la mente. Perdone, perdone todo lo que aconteció, los que me hirieron y los que me escucharon y en vez de ser un hombro decidieron unirse a ellos y darme la espalda. Perdone y al poner el punto final de esta carta, sentí como literalmente de mí salía un peso que llevaba cargando casi por 2 meses, creo que hasta más tiempo. Doble este papel y lo metí en un sobre, el sobre que hoy llamo “El sobre Libertador”, reconozco que no fue el sobre quien me sano, fue Jesucristo, pero esta fue la herramienta que él utilizó para poner punto final a mi dolor y ese rencor que me comía de adentro hacia fuera.

Yo desconozco por lo que estás pasando o hallas pasado, pero si hoy todavía llevas este dolor en tu pecho, te invito a tomar la difícil, pero libertadora decisión de Perdonar. Cristo quiere que perdones, así como tú también has sido perdonado por él. Él no desea que sigas cargando con este dolor que detiene tu vida de nuevas puertas y bendición. Así como el vino a esta tierra a morir en el madero, pasando el dolor más insufrible que nos podamos imaginar y prosiguió con su propósito para traer a tu vida perdón y libertad. Ya eres perdonado, porque no ponemos en práctica ese perdón, al tu perdonar traer sanidad a tu vida. Dios desea completar su obra en ti. Si no sabes como perdonar te comparto una forma de hacerlo:

Toma un papel y escribe esa carta dirigida a esa persona o personas que fueron partícipe de tu dolor, si ese dolor lo has causado tu mismo, este es tu momento para perdonarte. Escribe esa carta, permítete desbordar tu corazón. Di las palabras que siempre quisiste decirle a alguien, rétate y comienza a agradecer. Haz lo que te toca hacer, cuando termines cierra ese papel y ponlo en un sobre. Cuando termines Oficialmente has comenzado el camino de tu sanción y libertad y oficialmente le has abierto el paso a Dios para que él se encargue de sanarte y de trabajar en tu vida.

Soy testigo que perdonar no es fácil, sin embargo, mientras hablo de este tema en este blog puedo decir que solo siento paz y misericordia por esas personas. Cuando me toca verlos de frente, ese dolor y rencor que antes sentí hoy se convirtió en amor y serenidad. Cuando perdonamos y permitimos que Dios entre en escena con acceso completo, créeme que volverás a sonreír, a vivir y será libre en tu espíritu, alma y pensamientos.

Él quiere hacer su obra en ti, permítele que entre hoy, Hay un “sobre de Libertad” reservado para ti. Tomate tu tiempo para tu restauración y sanidad, pero recuerda que en la palabra dice en Mateo 6:14-15 lo siguiente:

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; más, si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

Eres perdonado por su gracia, es tiempo de demostrar el carácter de Jesús, el cual a pesar de la traición fue al madero para perdonar nuestros pecados. Cada vez que nuestra carne no quiera perdonar, debemos traer a nuestra memoria este versículo. Ya Dios nos perdonó sin nosotros merecerlo, y ese perdón otorgado debemos también otorgárselo a alguien, aun cuando esa persona no parezca merecerlo. Convirtámonos en sobres libertados, testimonios del perdón De Dios.

¡Que Dios complete su obra en ti!


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